¡Vida perra!

Marcaste territorio como perro celoso, encharcaste las esquinas, las entradas de los bares, mis calles favoritas. Encharcaste mis ojos, me measte por dentro y por eso me ahogo, me asfixio, me acalambro. Ahora al caminar me es inevitable hacerlo sin empaparme los zapatos, las agujetas desanudadas, los calcetines blancos y las suelas horadadas, carcomidas por tanto pisar, pisar, pisar tus orines desperdigados por toda la ciudad. Pero aun así piso y sigo pisando mal olientes charcos, asidísimos lagos, riachuelos bien largos y una gota amarilla que lloró mi pecho como perro vagabundo que ha perdido su banqueta seca y lo único que le queda es seguir llorando x el pene, x los ojos, x el pecho, gotas asidas, cítricas, amarillisimas hasta recuperar todo incluyendo su maldito territorio. 

Y un perro, dos perros meando en la banqueta.

Joaquín León ]

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Chaval!

No me molesta el hecho de no poderte escribir un poema.
No me molesta que me quede tirado TIRADO en las enredaderas del ocio.
No me molesta salir a la calle y sentirme encerrado.
No me molesta que los sueños me los coman los moscos .
No me molesta escribirte de noche y que me contestes de día.
No me molesta decir p e n d e j a d a s.
No me molesta mi novelada mañana.
No me molesta verte sólo entre párpados.
Noooooooooo me molesta quererte tanto.
No me molesta nada en absoluto.
CHAVAL! NO ME MOLESTA, pero que detestable es no tenerte a mi lado.

Joaquín León [k]

Xavier Villarutia

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Inventar la verdad

Pongo el oído atento al pecho,
Como, en la orilla, el caracol al mar.
Oigo mi corazón latir sangrando
Y siempre y nunca igual.
Sé por qué late así, pero no puedo
Decir por qué será.

Si empezara a decirlo con fantasmas
De palabras y engaños al azar,
Llegaría, temblando de sorpresa,
A inventar la verdad:
¡Cuando fingí quererte, no sabía
Que te quería ya!


Nocturno Amor

El que nada se oye en esta alberca de sombra
No sé cómo mis brazos no se hieren
En tu respiración sigo la angustia del crimen
Y caes en la red que tiende el sueño.
Guardas el nombre de tu cómplice en los ojos
Pero encuentro tus párpados más duros que el silencio
Y antes que compartirlo mataría el goce
De entregarte en el sueño con los ojos cerrados
Sufro al sentir la dicha con que tu cuerpo busca
El cuerpo que te vence más que el sueño
Y comparo la fiebre de tus manos
Con mis manos de hielo
Y el temblor de tus sienes con mi pulso perdido
Y el yeso de mis muslos con la piel de los tuyos
Que la sombra corroe con su lepra incurable
Ya sé cuál es el sexo de tu boca
Y lo que guarda la avaricia de tu axila
Y maldigo el rumor que inunda el laberinto de tu oreja
Sobre la almohada de espuma
Sobre la dura página de nieve
No la sangre que huyó de mí como del arco huye la flecha
Sino la cólera circula por mis arterias
Amarilla de incendio en mitad de la noche
Y todas las palabras en la prisión de la boca
Y una sed que en el agua del espejo
Sacia su sed con una sed idéntica.
De qué noche despierto a esta desnuda
Noche larga y cruel noche que ya no es noche
Junto a tu cuerpo más muerto que muerto
Que no es tu cuerpo ya sino su hueco
Porque la ausencia de tu sueño ha matado a la muerte
Y es tan grande mi frío que con un calor nuevo
Abre mis ojos donde la sombra es más dura
Y más clara y más luz que la luz misma
Y resucita en mí lo que no ha sido
Y es un dolor inesperado y aún más frío y más fuego
No ser sino la estatua que despierta
En la alcoba de un mundo en el que todo ha muerto.


Poesía

Eres la compañía con quien hablo
De pronto, a solas.
Te forman las palabras
Que salen del silencio
Y del tanque de sueño en que me ahogo
Libre hasta despertar.
Tu mano metálica
Endurece la prisa de mi mano
Y conduce la pluma
Que traza en el papel su litoral.
Tu voz, hoz de eco
Es el rebote de mi voz en el muro,
Y en tu piel de espejo
Me estoy mirando mirarme por mil Argos,
Por mí largos segundos.
Pero el menor ruido te ahuyenta
Y te veo salir
Por la puerta del libro
O por el atlas del techo,
Por el tablero del piso,
O la página del espejo,
Y me dejas
Sin más pulso ni voz y sin más cara,
Sin máscara como un hombre desnudo
En medio de una calle de miradas.

Noche, madrugada, día.

Si de noche te tuviera entre mis brazos me comportaria como un ciego. Apoyaría mi oreja sobre tu pecho frío, procuraría el silencio, escucharía atento el revolotear de insectos. Pasearía mi mano sobre tu rostro blanco buscando sus montes, sus abismos, reconociéndote con mis dedos. Contaría tus lunares, me daría aires de artista, dibujaría algunos otros: pequeñas estrellas, lunitas enteras y un punto y coma; para esperar tu respuesta.

Si de madrugada me tuvieras entre tus brazos, me volvería un desquiciado. Hundiría mi nariz en tu pelo mojado, inhalaría con fuerza, tu sudor gastado, desperdigado. Recorrería tu vientre y exploraría con mis manos tu miembro desmembrado. Jugaría con tus labios, me daría aires de niño y los mordisquearía cacho a cacho: pequeños turrones, sandiitas rojisimas y un beso lindo para así contestarte.

 

Y si de día ya no nos tuviéramos entre brazos pensaría que fue un sueño y quizás, pero sólo quizás, me conformaría con eso.

Joaquín León [k]

Chingaderas

PARA QUE CHINGADOS te apareciste en la vida de un limosnero y le enseñaste la esperanza. Para que chingados agarraste su corazón entre tus manos, si lo ibas a apachurrar hasta dejarlo sin aliento. Para que chingados lo miraste a los ojos si no ibas a estar cuando en ellos las lagrimas se acumularan.

Para que chingados te tendió él la mano si no le ibas a dar ni un centavo. Para que chingados te miro a los ojos si tu ahora evades su mirada. Para que chingados, el limosnero, que se muere de sed derrama por ti sus lagrimas.

Dime, para que chingados…
chingarme a mí.

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Joaquín León [k]

Chingaderas

Para que chingados te apareciste en la vida de un limosnero y le enseñaste la esperanza. Para que chingados agarraste su corazón entre tus manos, si lo ibas a apachurrar hasta dejarlo sin aliento. Para que chingados lo miraste a los ojos si no ibas a estar cuando en ellos las lagrimas se acumularan.

Para que chingados te tendió él la mano si no le ibas a dar ni un centavo. Para que chingados te miro a los ojos si tu ahora evades su mirada. Para que chingados, el limosnero, que se muere de sed derrama por ti sus lagrimas.

Dime, para que chingados…
chingarme a mí.

Joaquín León [k]